RECATO, PRESTIGIO Y VANIDAD CON NOMBRE DE MUJER

Tradición, permanencias y cambios han sido los elementos dominantes en la indumentaria femenina a través de los tiempos, envuelta en el juego de mostrar y ocultar el propio cuerpo.

Los grandes centros de la moda mundial, como fueron París y Nueva York irradiaron al mundo de la moda de todos los continentes.

En el Medellín de principios de siglo, ciertas familias pudientes reafirmaban su posición y distinción social, haciendo anualmente pedidos de trajes a París para surtir el ropero de  las mujeres del hogar. 
Este fue el caso del Sr. Ricardo Olano, quien para el   matrimonio de sus hijas decía: “el ajuar para María se pidió a Nueva York y a  Barcelona; las joyas a París”. (DOMINGUEZ, 1987).

Mientras las mujeres de clase alta hacían gala de su condición social, las mujeres de los otros estratos de la sociedad urbana se conformaban con una fiel copia de los modelos que se publicaban en los figurines extranjeros de la época.
Para las primeras, la exigencia social de principios de
siglo se centraba en su apariencia física y en su compostura las cuales debían rimar con el status al que pertenecían.

No todos tenían derecho a ostentar lujo con su indumentaria. Los trajes suntuosos, sólo eran para las mujeres de alta posición,  quienes debían exhibir el prestigio del jefe del hogar, fuera el padre o el esposo.  Para ese entonces, lo corriente era que: “No siendo las mujeres dueñas de si mismas, el gasto ostensible por ellas practicado y el ocio de que disfrutaban había de redundar en el crédito de su amo, y no en el de ellas, y por consiguiente cuanto más costosos y más notoriamente improductivas fueran las mujeres de la comunidad doméstica, tanto más
enaltecedora y eficaz para  mantener la reputación de la comunidad doméstica o de su jefe había de ser su vida”. (DOMINGUEZ, 1987).

Con la primera Guerra Mundial cambió no sólo el sistema de vida, sino el vestido.

La moda para las mujeres recortó su cabello, eliminó el corsé de su vestuario y ya no ofecía el traje de vitrina, sino aquel que fuera útil y práctico, dando paso a atuendos más cómodos, aunque menos imaginativos y pomposos. Aparecieron las faldas arriba de la rodilla, acompañadas de chaquetas de hombros amplios.  Más
tarde, las mujeres se dieron el gusto de llevar pantalones, los cuales eran de  formas amplisímas, como faldas muy anchas.

Durante la segunda Guerra Mundial, (1939-1945) siguieron predominando en los vestidos femeninos, los hombros anchos y las caderas estrechas.  Ya para el lustro del 45 al 50 aparecieron las casas de alta costura, resurgió el corsé y se dió paso a un estilo de ropa más juvenil, con vestidos amplios y largos para toda ocasión.

La alta moda de los años 50’s incursionó con el estilo sastre impuesto en el mundo por las casas de modas francesas e italianas.  El   maquillaje, resaltaba ojos y labios, el cabello se recogía y los pies lucían zapatos de tacón alto o completamente planos.

Se acercaban los 60’s, época en la cual se revolucionó por completo el modo de vestir.

Se impusieron en la mujer vestidos fluorescentes,tacones aguja, peinados cortos y engominados, se reemplazó el sombrero por las pañoletas.  Fue la época pop, considerada así por los colores brillantes, chillones y psicodélicos.  Nació la era de los usados y del plástico, el pantalón de tiro corto y vestidos en tejidos sintéticos. Pero indudablemente la mayor innovación fue la minifalda.

Finalizando aquella década, incursionó el movimiento hippie que se acompañaba de vestidos orientales, moda folklórica, cabellos largos y la moda afro.  Se abrió paso a movimiento de la liberación femenina.

Los años 70’s reafirmaron la moda folklórica.  Se dio gran importancia al desarrollo de los productos con marca o firmas y la forma de vestir se caracterizó por su informalidad y el estilo deportivo. Además, se revivieron los años 60’s y 50´s, con la influencia mundial de los estilos italianos.

La moda vuelve a destacar de nuevo la figura femenina en las tendencias de los años 80´s y reafirma su femineidad ajustando su silueta con diseños románticos y suaves. El escote se hace profundo, el talle largo y se resaltan los hombros, blusas cortas y de amplias mangas.
El largo de la falda va y viene, los pantalones traen prenses y bolsillos, estilo piyama, tipo baggies y  bermudas y aparece la falda pantalón.


Para los 90’s y 2000 el vestuario femenino logró un despliegue de formas, tendencias y colores que atrapó motivos de todas las épocas. 
Se recurrió a los zapatos de plataformas, los pantalones de botas amplias, y talle corto, camisetas cortas y ajustada, vestidos ajustados, sueltos, cortos y largos.  Colores sobrios y brillantes.
Todos estos saltos no permiten determinar una tendencia única que identifique una forma de vida generalizada, solo el afán de una época marcada por la agitación, lo casual, y la igualdad frente a la manera de vestir.


Instituto de Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia –INER-.