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En 1870, la villa de Medellín, con casi 30.000 habitantes y siete templos católicos, seguía siendo básicamente un centro de actividades comerciales y administrativas, con una estructura urbana que aun no olvidaba su trazado colonial de calles estrechas y acompasadas que seguían su trazo en torno a la |
Plaza Mayor o parque de Berrío Este constituirá, a través de toda su historia, el más significativo lugar urbano y espacio referencial.
A fines del siglo XIX, las calles -algunas de ellas empedradas como las de la Plaza-, sólo daban paso a las mulas y caminantes que recorrían las cortas distancias de la villa, cuyos límites naturales eran el río Medellín y la quebrada Santa Elena. A escasa |
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distancia de la Plaza Mayor, la malla urbana se convertía en extensos lotes de cultivo y pastoreo, que no eran más que los solares de las casas.
Las calles cuando no eran empedradas se tornaban en incómodos y peligrosos lodazales que hacían difícil el tránsito y ¿qué decir cuando se intentaba salir de la villa a otros poblados de la provincia?
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Por aquella época, comunicarse con el río Magdalena mediante vías mejor transitables, era algo apremiante. El camino del Magdalena conectaba la ciudad con el resto del país y del mundo. Fue así como por disposición oficial se inició la construcción de un carreteable que finalmente sólo llegó hasta la población de Barbosa, pero permitió mantener una vía paralela al río, incluso hasta Caldas. |
Por ella circulaban carruajes y carretas con paseantes y trabajadores ocupados en hacer lo que se denominó diligencias, probablemente por el nombre que se le dio a uno de estos carruajes.
La diligencia la arrastraban mulas y tenía varios vagones donde se sentaban personas, pero también se amontonaban arriba en un segundo piso, expuestos al sol y la lluvia. |
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Las carretas por su parte servían para el transporte de carga y materiales.
Por las características de los carruajes, provistos de ruedas de madera, el viaje en ocasiones no era muy agradable, por los altibajos que presentaba el camino.
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La primera empresa de este tipo de transporte fue creada por el señor Modesto Molina. La primera carroza llegó a la ciudad desde Jamaica, en 1834, traída por Don Juan Uribe. Más tarde un grupo de personajes de la ciudad conformaron la Compañía Urbana de Carruajes de Medellín, con vehículos de llantas de caucho. |
El adinerado Don Pastor Restrepo trajo el primer coche de lujo, que luego vendió a un señor conocido como Juan Cochero, quien lo mantuvo en alquiler para los curiosos citadinos de entonces. Así fueron llegando a la ciudad carruajes de Europa y Estados Unidos, traídos por personas distinguidas y adineradas, quienes los destinaban para su propio servicio, pero también para alquiler.
Los carruajes, vehículos difusos en la historia del pasado siglo en la ciudad, dieron lugar a transformaciones importantes de su espacio urbano: permitieron la extensión de algunas de las calles hasta el río y el cambio en los empedrados, que inicialmente se hacían con las escorrentías por el centro, lo que dificultaba el funcionamiento de este novedoso sistema de transporte. |
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Instituto de Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia –INER-.
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