LA CARRETERA AL MAR Y OTROS CAMINOS DE PROGRESO

 

“... No se trataba de tener una carretera más. El pueblo antioqueño necesitaba una nueva frontera para darle un destino a los grupos sociales más desposeídos. La colonización del sur, de los departamentos del Viejo Caldas y el norte del Valle, se había completado. El cultivo y la industria del café estaban establecidos y organizados. No había entonces nada para colonizar hacia el sur, pero Urabá presentaba la solución perfecta. Una región rica para la
agricultura y la ganadería, con la posibilidad de un gran puerto marítimo conectado con Medellín y de futuros pueblos importantes a lo largo de la carretera...” (Mejía Restrepo, 1984).

De esa forma se expresó el espíritu de la denominada carretera al mar, obra que pretendía, como otro de los proyectos pioneros de comienzos del siglo XX, comunicar a Medellín con el mar Caribe, como ya se había hecho con el río Magdalena por el ferrocarril, buscando salida para los productos y esperanzas de progreso para sus pobladores.

La colonización de Urabá pareció personificarse en el señor Gonzalo Mejía, hombre de gran dinamismo y pionero de ideas para el desarrollo de la ciudad y la región. Así como otros personajes de la vida de Medellín, él abanderó esta obra impulsándola hasta el cansancio y haciéndola realidad, aunque con tropiezos. La carretera se concluyó 30 años después de haberse iniciado y llegó hasta la población de Necoclí en el golfo de Urabá.

La obra se inició el 1º  de Junio de 1926 con el primer barretazo en la fracción de Robledo, cerca de la Facultad de Minas, con un acto solemne que partió del Parque de Berrío y finalizó en ese lugar, con la presencia de las principales autoridades de la ciudad.  Expresaba Don Gonzalo Mejía en aquella ocasión: “...La Carretera al mar es buena. Ya todos lo hemos dicho. Redimirá a Antioquia de la congoja y la vergüenza, porque acongoja y avergüenza presentar a los extraños el panorama inconcebible de un pueblo de un millón de habitantes fuertes y enérgicos, que han vivido por años y años sometidos a las vicisitudes del tiempo y a los caprichos de la naturaleza, cuando esa misma naturaleza colocó su centro principal a la exigua distancia de 350 kilómetros del Atlántico”. (Mejía Restrepo, 1984).

Durante los tres primeros años de su construcción se avanzó más de la mitad de la carretera, pero luego debió ser entregada a la Nación, la cual demoró mucho más tiempo en  terminarla.
Como la Carretera al mar, otro camino de lucha por el progreso fue la llamada autopista Medellín-Bogotá, de la cual Don Gonzalo Mejía también fue impulsor desde el año de 1948, cuando en el país sólo se pensaba en la guerra que se libraba.  


Por la época ya se había desestimulado el ferrocarril y la construcción de carreteras se hacía más factible. Don Gonzalo la imaginaba como una imponente autopista, pavimentada, de seis carriles, cruzada de túneles y viaductos, ancha, veloz, segura; una autopista al estilo americano. Finalmente, se construyó la carretera uniendo directamente las dos ciudades, no como lo imaginaba su impulsor, pero de igual forma adquiriendo la importancia que éste anunciaba.

Instituto de Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia –INER-.