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Medellín, 1944.
Quizá no sea posible escribir un buen cuento doloroso con menos elementos que los empleados por Fabio Zuluaga en el suyo, "Feliz Cumpleaños". Un cuento que se clava como una flecha que trae ponzoña, y que se queda clavado, virote de letras, doliendo.
Quizá un buen cuento sea el que logra su cometido, que de ordinario es mostrar algo, y aparte de toda otra consideración de estilo, medios, técnicas. Cuando se consigue el fin, además, escuetamente, con sencillez, con eficacia, es no sólamente porque se domina el asunto y su técnica, sino que se dispone también de la sensibilidad requerida. El esquema es sencillo: uno de dos que se amaron y que después establecieron la separación espera de su cumpleaños lo que la otra parte no va a conceder. Por lo contrario: hace uso de la fecha para ahondar la separación y de ese amor sólo queda un terreno común, que es la hija: mitad de cada uno de los alejados.
Tal vez nada haya sido más dicho: los temas de la literatura son eternos, y los mismos. Se suceden como los días, como los meses. Son el amor y la separación. Son la muerte y la vida. Son las trascendencias y los alifafes. El olvido y el recuerdo.
La literatura fuera monótona si no hubiera en cada obra literaria un elemento distinto al drama eterno, a la eterna comedia, al innumerable dolor de siempre. Ese elemento es lo estrictamente personal que el esquema tiene: siempre hay una otra manera de mirar las cosas, de sentirlas, de verse afectado por ellas. Es lo de cada quién en lo de todos.
Se comprueba en toda obra nueva.
Lo que nos gusta de este cuento es el tratamiento impersonal que quiere dársele al tema, como eludiéndolo mientras se lo desarrolla: los hechos aparecen escuetos, y su trascendencia le cae al lector por analogías, por comparaciones, por recuerdos: ¿quién que es no ha sido desdeñado? ¿A quién que viva no lo han herido cuando buscaba el consuelo o el regreso?. Lo peor: con heridas inútiles.
Lo que duele es que siempre una de las dos partes deja antes de amar. La otra sigue en sus apegos.
Fabio Zuluaga es químico de oficio, y escritor de inclinación. Profesor de tiempo completo en la Universidad de Antioquia, llegó tarde al escribir, como muchos otros, y tras de su paso por el Taller de Escritores. Algunos de sus relatos han llegado al final de concursos renombrados.
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