Sergio A. Vieira


 

Medellín, 1959.

Con su libro de cuentos (mitad cuentos y mitad fábulas, alguna de éstas apenas una manera de contar de otro modo algo ya conocido) "Historias de Vecinos", Sergio Vieira, un estudiante de medicina que termina ya su carrera, ganó en 1983 el Premio Nacional de Cuento Jorge Gaitán Durán. Con alguna de las fábulas, presentada como cuento a un concurso local, obtuvo un segundo premio: nos referimos a "Saurios". Con otros cuentos del mismo libro ha obtenido menciones: es por tanto un joven escritor de renombre, para quien Eduardo Pachón Padilla, tenido como uno de los mejores conocedores del cuento en Colombia, escribió una solapa de libro muy elogiosa.
Sin embargo, para este antólogo, el volumen de cuentos citado es muy irregular: al lado mismo de logros y de aciertos publica cuentos oscuros que no parecen terminados, porque el lector atento se confunde: confunde a los personajes, lo cual significa que no están perfectamente delineados. Y en algunos de sus mejores cuentos, y son muy buenos, ciertamente, Sergio Vieira, como para que no le quepan dudas al lector, amontona sutilezas y detalles, y peca por exceso. En otros, los no tan buenos, se va al estreñimiento y el lector carece de elementos.
Son asuntos sin demasiada importancia: lo que vale es que al fondo de uno que otro cuento mal pulido hay un cuentista de muchos quilates que va depurándose y alcanzando maestrías. No es el primero en ir por los apresuramientos: cuando uno lee las primeras producciones de cuentistas muy bien nombrados encuentra mucho de lo mismo, cuentos de aprendizaje que se malograron por futilezas.
Sergio Vieira se recrea en las sutilezas: él no es de quienes hace concesiones para el lector. El supone maduro y agudo a su público, y estructura sus relatos a base de detalles que en sí mismos podrían aparecer nimios, pero que a la postre realizan personajes y relato muy vigorosos.
Ninguno de sus relatos aparecería estruendoso: no se encuentran en ellos las pasiones desbordadas o cósmicamente dolorosas, las furias, las ternezas alquitaradas. Escribe del amor que ha muerto sin estallidos, sin dolores, aun sin melancolías, y que deja a dos, acostumbrados a sí mismos, desacostumbrándose pacientemente. Escribe del hombre que ahora se vale, se sostiene a sí mismo, que cree haber cortado con la infancia y la dependencia del hogar y que pone su casa, pero que quiere seguir siendo niño, y -empeñoso- consigue demostrarlo. Nada trágico en apariencia, ni heróico, ni sublime. Pero con materiales como esos es que demuestra su garra, porque sus cuentos se quedan en la admiración del lector, algunos con fulgores de joya, como "Manuel".
Es, como muchos otros de esta antología, "producto" de los Talleres de Escritores. El cuento publicado acá no ha aparecido -hasta el momento en que esta nota se escribe- en letras de molde, y en él es perceptible a las primeras de lectura un viraje en el estilo, en la temática misma, en la estructuración del relato: ahora no quiere sorprender a nadie con sapiencias, sino ir al fondo los personajes. Ha iniciado, pues, en nuestro concepto, algo que en un momento es fundamental en la vida de un escritor: abandona la forma y cierto tipo de asuntos meramente tipográficos, por la serenidad de la hondura, por el buceo en las almas.
Sergio Vieira, si es que no se lo traga el ejercicio de la medicina, ha de consolidarse, ha de ser de los más grandes: él puede. Sus amigos no le perdonamos casi nunca que sea tan inteligente, ni que se empeñe en demostrar esa cualidad, pero no dejamos empero de reconocer la calidad de sus trabajos.

 

 
Obras
 

 
El escritor  
 
Historias de vecinos