Fita Uribe


 

Nací en la ciudad de Medellín, delicioso valle encerrado entre montañas, ciudad llena de luz, ciudad de mujeres hermosas y de sitios encantadores y sugerentes. Su clima delicioso convida a soñar.
Los 26 años que tengo (nací el 25 de marzo de 1908) los he vivido íntegramente contemplando los soles maravillosos de estas montañas, comparables apenas con los de Italia, especialmente con el de Florencia, a juicio de algún inteligente pintor antioqueño que en busca de otro cielo fue a dar a la tierra de los grandes artistas de la paleta.
Esta borrachera de sol fue sin duda la que despertó en mí desde niña la alegría de la vida y la que infiltró en mí el deseo de escribir, de exteriorizar el alma en sus múltiples sensaciones.
Era muy niña aún cuando empecé a publicar, impulsada por no sé qué  fuerza interior, mis primeras producciones literarias, en 1924, en El Correo Liberal, a la vez que hacía mis estudios, primero en el Colegio de la Enseñanza y luego en el Instituto Lopera Berrío, de inolvidable memoria. En este instituto obtuve diploma de comercio.
Vida sencilla como la de todas las antioqueñas, aparentemente, mientras el inquieto ambicionar y el perpetuo soñar van mereciendo interiormente esta sed de ideas de arte, de amor, de progreso.
Con estos tres nombres me he trazado interiormente un programa de vida, que he vertido en lo poco que he escrito, y en todo lo cual he procurado vaciar lo que soy y lo que anhelo.
Fita Uribe fue directora de dos revistas femeninas llamadas Athenea y La Carretera al Mar, ambas famosas, no sólo por el objetivo que perseguían, sino por su acertada dirección.
Bernardo Uribe Muñoz, Mujeres de América, Medellín, Imprenta Oficial, 1934, pp. 105-106.

 

 
Obra
 

 
Bosquejos