Francisco de Paula Rendón


 

Santo Domingo, 1855. - Santo Domingo, 1917.

Con la excepción muy notoria de que la obra literaria de Francisco de Paula Rendón es de menor cuantía que la de don Tomás Carrasquilla, y de menor notoriedad, al igual que su vida que duró 18 años menos, casi todo lo que pueda decirse de Carrasca (como se nombraba entre amigos al escritor) es aplicable a Rendón.
Fueron paisanos, y coetáneos, en tal modo que difícilmente pudiera escribirse de influencias del uno en el otro. Sin embargo, si se hallara en algún rincón polvoriento de Santo Domingo un mamotreto inédito y sin firma, serían más de muchos los estudios que hubiera que adelantar para endilgarlo con alguna seguridad a uno de ellos. La obra de los dos tiene un mismo aire, a más de otras bastantes afinidades de estilos, enfoques, y hasta lenguaje. Es lógico: un escritor sufre de necesidad las influencias de su medio ambiente, de las bibliotecas existentes, las obras literarias en boga en su tiempo, la moral ciudadana, los colegios en donde se educó. Si dos escritores recaban en idénticas influencias, tendrán asuntos en común.
Y por eso se parecen, semejantes sus temas, y su pudibundez, y sus ortodoxias que eran paralelas y próximas. Y -si se quiere- hasta sus vidas: ambos murieron solteros y -que se sepa- ninguno de los dos tuvo escarceos con el dulce sexo opuesto.
Hay quienes menos valen a Rendón colocándolo de espolique fiel del autor orgulloso de La Marquesa de Yolombó, vamos, su seguidor de estribos: es un error magno. Ambos bebieron de las mismas fuentes las mismas cosas, parroquiales y tediosas; ambos vieron sólamente aspectos determinados de los seres que retrataron; ambos vivieron una época y un pueblo ceñidos a normas demasiado rígidas. Si los enjuiciamos porque no las rompieron y sí se adaptaron a ellas es -quizá- porque no fuimos ellos y no supimos de la rigidez de las férulas que soportaron. El escritor es también su época: la recibe como recibe el talento, impensadamente: no le está permitido escogerla.
Y si valoramos más al viejo Carrasca, sobreviviente del otro, que fue notario de su pueblo, casi vitalicio, es sólamente porque Carrasquilla triunfó: él supo de reconocimientos, de honores, si bien muchos de ellos postreros.

 

 
Obras
 

 
Drama íntimo  
 
La leyenda del nuevo mana  
 
Pecados y castigos  
 
Regalo de bodas