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Sevilla, Antioquia 1949.
Tal vez no haya en nuestra literatura nacional otro caso como el de Helí Ramírez y su libro de poemas "En la Parte Alta, Abajo", publicado por ta Revista Acuarimántima, revista de cuya desaparación no acabamos de dolernos porque cumplió una gran labor cultural. Ramírez Gómez, con una estructura de verso libre en la cual cupo una infinitud de palabras del argot de una barriada, y aun -sin que disuene ni siquiera moleste a la vista del lector- una prosodia y una ortografía arbitrarias, toscas a veces, pudo reflejar hasta el retrato mismo los asuntos, las pasiones, los dolores de una comunidad.
Lo del "arbitrario" en esa prosodia y esa ortografía tal vez convenga examinarlo con detenimiento. Conscientemente o no, pero sí acertadísimamente desde lo artístico, para ese libro, para sus gentes, sus hechos, su ámbito, esa es la prosodia requerida y no otra, esa es la ortografía y no la correcta. El creador que hay en Helï Ramírez lo entendíó o lo íntuyó así. Es ya aceptado que la literatura no es la gramática, pero que violentarla sabiendo el porqué de la violencía sí es líterario.
"En la Parte Alta, Abajo" es un libro de poemas, pero muy peculiar. En tanto que la gran mayoría de los poemas que leemos o declamamos son sentimiento, y el sentimiento no tiene análisis posible, en estos de Helí cabe el carácter de los seres, caben sus actos y sus motivaciones. Esto es analizable desde muchas ciencias (la sicología de los conglomerados, la sociología, etc. Es tan claro lo anterior que puede señalarse en la gran mayoría de esos poemas la organización de un relato, aunque sin dejar de ser poesía. Hay en la totalidad del libro un conjunto que bien pudiera ser una novela: cada poema un capítulo, casi.
Eso no es común.
En "Eran las Tres de la Tarde, las Tres", poema que incluímos en esta Antología del Cuento Antioqueño, se da con mucha claridad lo anterior: es un poema organizado como un cuento, con actos. La distancia que hay entre una forma de expresión artística y la otra es tan escasa que pudiera darse por inexistente.
Por lo demás, más de uno de los cuentos de esta Antologfa tiene un hálito poético tan acentuado que es una característica. Porque, es evidente, poesía y cuento no son la forma (verso o prosa), sino algo que está anclado más profundamente.
Mucho más que imágenes del sentimiento, que se dan en lo poético como generalidad, en "La Parte Alta, Abajo" hay personajes: caminan de un poema al otro y así se conforman, al igual que ocurre en una novela con quienes van de un capítulo al otro. Mucho más que metáforas hay actos que, apilados, muestran una personalidad.
Los poemas tienen un solo escenario, que es la barriada, con casas de ocasión a las cuales el viento a veces se les lleva el techo precario, y los vecinos lo persiguen por las mangas para reintegrarlo a que libre del agua y del sol; con largas calles de miseria y de hampones; con sus vicios, con sus cafetines baratos para los muchos desocupados, con billares de bolas cansadas, y con un clima feroz de violencia que no es contenida, sino, por lo contrario, prodigada.
Como Jano, el dios bifronte que miraba tanto hacia el pasado como hacia el futuro, este libro da hacia la poesía y el relato. Como el relato tiene tesis y estructuras, pero como aquélla se anega en una ternura ácida y primitiva que muestra belleza hasta en una violación indeciblemente dolorosa, bestial. Por eso es un libro único, y cabe uno de sus poemas en una antología del cuento.
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