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Medellín 1946.
José Jairo Morales Henao, para llamarlo con su nombre completo, es también un producto de los Talleres de Escritores. Ha publicado un excelente libro de cuentos con el título de "Desencuentros", y se ha llevado su cuota de premios y menciones en los concursos literarios que se suceden, como los meses. Es dueño de una nombradía en los círculos de gentes afectas a la literatura y se desempeña en la Biblioteca Pública Piloto.
Es un magnífico escritor: sus cuentos son productos acabados, sin menguas. Lo más que pudiera señalar alguno sobre esos cuentos es su agrado o su indiferencia por ellos, pero nunca señalarles defectos. Técnicamente son impecables.
El que hemos escogido para esta Antología, "Por Casasolo", no aparece en su libro. Es una excelente versión nuestra del guapo de barriada que anduvo desde siempre en negocios aparte de la legalidad, y que es un individualista feroz, de esos que dicen que "compañía ni con la cobija". Uno que tiene la inteligencia suficiente para saber de dónde viene, que está determinado ineluctablemente por el ambiente, y lo acepta, pero en el cual hay rezagos buenos asï tenga qué hacer cosas "malas". Lo peor, porque éste héroe caído se gana nuestra admiración: es uno que está vencído por la manada, él lobo solitario, pero que no lo admite ni lo admitirá jamás. Vamos, uno de esos a quienes es posible destrozar pero jamás vencer: porque no saben lo que es la derrota.
El cuento está construído como un diálogo sin interlocutor. El protagonista habla para alguno que está ahí, pero que no es necesario que lo perciba el lector. Usa recursos muy efectivos, no sólo los párrafos largos sin puntuación alguna, cosa que tolera en partes más de una interpretación, y la tienen según y cómo yo haga los espacios, sino también con el empleo adecuado de las letras bastardillas que destacan asuntos destacables.
Jairo Morales acumula detalles en sus narraciones: unos sobre otros, tesonero, en sentidos lineales. Hasta ahora, que sepamos, no ha escrito de otro modo: es su estilo. Pero lo ha pulido hasta la eficacia de sus relatos.
Otro de sus cuentos, digno de estar en la más exigente de las antologías es "Algo tiene el agua desde que la bendicen". Alguien, a quien no identificamos, narra en primera persona una linda historia de un artista incomprendido, otro solitario, a quien -como en Fuenteovejuna- le caen todos a una porque sin tocar a una sola mujer de una vereda de tierra caliente por donde va el Río Cauca cargando barros, y apenas sin hablarles, se ha adueñado de todas.
Algo de epopeya en este cuento de Morales que hemos seleccionado, y que se queda en el lector, carcomiéndolo. Tal vez algún día los traficantes de la coca, sus distribuidores, los vendedores de marihuana y de bazuko, los que la elaboran, lleguen a la gesta oscura. Como los que traficaron con el licor en los Estados Unidos, cuando la Prohibición. O como los buscadores de oro, en los Yukones y en las Californias. O como los orilleros del antiguo Buenosaires en los cuales el cuchillo era una prolongación de la mano y el brazo. ¿Por qué no?. Aparte sus antecedentes y sus consecuencias, nefandos siempre, hay ahí una calidad humana que se empleó mal, pero que básicamente es extraordinaria. Eso prueba este cuento.
Tal vez nadie, en el oficio de las letras, más aplicado y disciplínado que este Jairo Morales: escribe en un día y en el otro también. Escoge sus temas con mucho cuidado. Los talla. Los pule. Y brillan después.
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