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La ceja (Antioqia) 1946.
Anhelando las épocas del 438 a.n.e. y el año 1400 después de cristo.
Yo soy hija, - a mucho honor -, de Emilio y Rosa Emilia.
Mi infancia de principios de los 50, la pasé entre La ceja y Llano de Ovejas, por el camino a San Pedro y Entrerríos.
Comencé la secundaria en Urrao. Qué pueblo! Qué río Penderisco!
Puedo asegurarle que el himno de Urrao es el más hermoso, en letra y música, de cuantos conozco - y de los que no - .
Terminé el bachillerato en El Carmelo de Medellín. Soy hija - también a mucha dicha - de Santa teresa de Jesús. En los centros literarios que organizaba la hermana Mirian Taborda, me inicié en la literatura; y fue ella quien nos dijo que los gorriones de Platero, se bebían el cielo en el agua del pozo.por esa imagen entré. Porque me dije: yo me quiero pasar a vivir a ese mundo de metáforas y anáforas y símiles y figuras literarias. Y ahí me quedé.
Luego he sido maestra de literatura, desde el 65.
Comencé ahí, en el barrio Castilla, en un colegio frente a la iglesia y después me fui a Frontino, en el colegio de las carmelitas en Manguruma. ¡qué alegría Frontino! Luego fue Gómez Plata y los paseos a Carolina del Príncipe; qué caminos, qué recuerdos tan gratos! Y el Retiro, el pueblo más hermoso del oriente antioqueño.
Y Arboletes, donde vi sola un buque fantasma del siglo XVI, al sol reverberante de las nueve de la mañana. Ninguna palabra dice con justicia, lo que significa hablar de Silva, a la orilla del mar y recibir la enseñanza de ese mar nuestro cambiante a cada hora.
Luego me fui a Nicaragua, por el 74, allí viví hasta el 78. quiero decirle que ese es mi segundo país. En Managua concebí a mis dos hijas, Vanesa y Melissa; allí me adueñé del Momotombo y del Momotombito, de todo el paisaje hasta Matagalpa y Santa María de Ostuma. Me compré dos cotonas en el mercado inolvidable de Masaya; fui a la casa humilde de Rubén Darío y conocí, sobre todo, a la gente más alegre y más maravillosa.
Desde los ochentas vivo en La Ceja del Tambo, tierra de mi padre. También estos 25 años han sido de maestriar y maestriar. Ahora trabajo -a mucho honor- con la Fundación FASOR que dirige Gloria Bermúdez; me voy a La amapola, Pantanillo, Chuscal, El portento, veredas de El Retiro, a las escuelas a leer y a aprender con los niños, literatura.
Soy lo que soy por la poesía; todo me lo ha dado. Cada viaje a hacer talleres de escritura creativa y a decir poemas, por tantos lugares de mi país; esa maravillosa juglaría de decir poemas por los caminos; -me siento juglaresa por pura nacencia-. Esa dichura del decir el lenguaje transfigurado y desde ahí, entrar al umbral del misterio.
La poesía me lleva por senderos de visiones; busco en ella esa originalidad de la que hablaba Chesterton, no en el sentido de la novedad, sino en el asombro de regresar a los orígenes.
Desde una niñez de constantes y simples regocijos - en el sentido más profundo de esta palabra- , le hablo sólo de descubrimientos y admiraciones; de agradecimiento ante este resplandor de vida que presencio. Ahora ando de nueve años, porque esa es la edad que Dante nos enseñó, como la edad perfecta del amor y como amo, de ahí no paso al mundo de la gente mayor. Por algo dicen los que saben, que los que nos atrevemos a vislumbrar la poesía, estamos emparentados con los filósofos y los místicos; con los locos, los pueblos antiguos, los de la sabiduría primigenia, y con los niños.
Le envío estas palabras del poeta César Vallejo:
"Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la Vida.
¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento, para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez, me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas".
Menciones internacionales
* Concurso de Poesía Xicoatl. Salzburgo, Austria. 1994.
* Primer Concurso Aldea Poética, otorgado por Gloria Fuertes, Madrid, España. 1996.
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