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Medellín 1958.
A pesar de sus pocos años, Wilealdo García es un buen cuentista que domina, hasta donde sea posible hablar de "dominio", esos algos tan elusivos: los recursos de la técnica, los asuntos de la trama, la buena disposición de una estructura narrativa. Sabe que cada tema es único, y que requiere un modo especial de tratarlo, y que pocas veces se da con ese modo al primer intento.
"Producto" de los Talleres de Escritores si es que también es dable haiolar de un "producido" así, García Charria es el único caso que conocemos de alguien que, conscientemente y a muy temprana edad, suspende una carrera universitaria decidiendo a su arbitrio ser escritor, y que se aplica a merecer este oficio de las letras y a prepararse para ejercerlo con propiedad capacitándose en todo lo atañedero, rigurosas y amplísimas lecturas de por medio.
Es también un virtuoso de sus escritos: a pesar de que la mayoría son productos muy bien acabados, él no se muestra satisfecho con ellos y los trabaja en una vez y en otra, los pule y los repule. Esa es exactamente la vía para llegar a la perfección, si es que es posible lograrla: como en el postulado de Zenón con la flecha, siempre habrá por recorrer una mitad de otra anterior.
Quízá el verdadero artista es alguien que sabe de esta imposibilidad de conseguir la perfección, pero no lo admite, y se rebela, obstinadísimo. Todo verdadero creador sabe, desde las primeras narraciones en lo artístico que la visión interna que se tiene del tema es siempre mejor, más hermosa, más perfecta de lo que se logra como obra después de muchísimos esfuerzos. En muy pocas ocasiones logra el artista estar a paz y salvo con la idea, es decir con un producido que se le asemeje. En la enorme mayoría de las veces lo soñado, lo entrevisto, es más hermoso, más perfecto de lo que el esfuerzo creador logra plasmar. Eso explicaría por que la mayoría de los artistas cabales sean unos insatisfechos de sus obras, que las juzguen siempre como inacabadas. Desde luego, y desde el punto de vista de la creación, esto es una virtud: a nuestro saber, tantísimas veces comprobado, la satisfacción es siempre una carencia,
Wilealdo es otro de esos poquísimos autores que tienen más de un cuento capaz de figurar adecuadamente en una antología. El cuento es un género tan dífícil, ofrece tántas dificultades, se opone de tal manera, que haber escrito siquiera uno sólo de selección es ya un logro: él tiene más de uno, y sólo esto sería ya una adecuada definición de lo que hace.
Su temática es de la ciudad. Pero la verdad ésta importa muy poco en su trabajo, que es introspectivo. Un trabajo de las interioridades del ser, subjetivo. Por eso en él lo exterior el marco, no aparece como en "Novia mía Mentírosa", o es muy circunstancial y leve. Lo mayormente importante ocurre adentro de sus personajes.
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