Rionegro, 1919 - Medellín, 1964. Hay escritores que maduran pronto: son escasos. De muy pocos años ínician su carrera con una obra que siempre aparece como escrita por alguien que les lleva mucha experiencia, y la continúan: un libro tras de otro, siempre asoendente la parábola. Manuel Mejía Vallejo sería el ejemplo entre nosotros, y Truman Capote un otro ejemplar más lejano. Nadie puede explicar esas antinomias porque escribir bien es, como quiera que se lo mire, una madurez. Lo usual es que los escritores alcancen sus logros mejores cuando han vivido mucho: requieren de la madurez de su propia vida para la madurez de su literatura. Por la cuarentena de los años van llegando a la cabalidad, no jóvenes ni víejos...