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A
la edad de 20 años se planteó la inquietud de definir
su futuro y en este momento salió a relucir su interés
por la fotografía.
Una tía suya la regalo una vaca, la vendió y así
consiguió lo necesario para viajar a Bogotá a comprar
el equipo fotográfico. Deambulando por los almacenes fotográficos
de la ciudad fue sorprendido el 9 de Abril de 1848 con la conmoción
por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán. En medio de esa
situación de caos, logro comprar tres cámaras por
40 pesos y rollos a 90 centavos, llego a Suaita con muchos rollos
pero con la gran responsabilidad de aprender a revelarlos.
Al tiempo regreso a Bogotá y compró lo que siempre
había soñado, la mejor cámara para reportería
de la época, la Rolleiflex que le costo 789 pesos con sus
accesorios.
Al mismo tiempo ejercía su oficio de proyeccionista en el
teatro local, inspirado por el noticiero el Mundo al Instante, que
venia con las películas creo un noticiero local que el mismo
producía y realizaba con una cámara de 16 mm. Las
primeras proyecciones fueron todo un éxito y el teatro se
llenaba con la gente de la región que se quería ver
en pantalla, esto le permitió sostener el noticiero por un
tiempo creando el sobreprecio.
Nunca tuve plata, había semanas que no tomaba ni un
rollito de 12 fotos, fue cuando un amigo, Alejandro Barrero,
que había comprado casa en Bucaramanga lo invito para que
se fuera con él a ejercer la fotografía ya que en
la capital podría tener mas campo de acción.
Su escuela inicial fue una colección de revistas argentinas
que enseñaban a tomar fotografías, prestadas por Eduardo
Sarmiento, amigo y aficionado a la fotografía.
En Bucaramanga comenzó a tomar fotografías a niños
y a realizar reportería gráfica mejorando sus ingresos;
buscando nuevos horizontes profesionales se fue vinculando a las
firmas urbanizadoras, prestando el servicio de fotografía
y haciendo un registro de los nuevos barrios y del desarrollo industrial
y urbano de Bucaramanga de la segunda mitad del siglo 20.
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