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Fotografos Mayores
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Carlos Amórtegui
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Nació en Chipaque, un pueblito cerca a Bogotá en la vía hacia Villavicencio hace más de 70 años, pero a muy temprana edad fue llevado a vivir a la capital del Valle. Estando allí descubrió su verdadera pasión, los aviones, "desde los 7 años soñaba con ser aviador, en todos los paseos de la escuela me iba con los brazos abiertos en forma de avión".
Amórtegui es un apellido de origen español, en Vasco quiere decir abundancia de pastos, en este caso, abundancia de paisajes y de recuerdos.
Más pudieron sus ganas de ser piloto que la oposición por parte de su padre, "él decía, en esa época, que estudiar pa´ aviador era estudiar pa´ muerto y no me ayudó con plata para entrar a estudiar", pero con muchos esfuerzos económicos y gracias a la ayuda de su primer instructor de vuelo aprendió el arte de volar "yo solo tenía una vaca, un motocicleta y un violín" y después de venderlo todo, como él lo dice jocosamente " me volé primero la vaca, luego la motocicleta y por último, el violín".
Posteriormente, en 1944, ingresa a la Fuerza Aérea Colombiana, donde obtiene el título de piloto militar, 4 años más tarde, se traslada a Medellín para hacer la construcción de la pista y ser el director de la nueva escuela de pilotos de la aerolínea Colombiana SAM, pista que se crearía exclusivamente para el entrenamiento de sus pilotos. Trabajó con esta aerolínea por 7 años y medio. Luego, en sociedad con otros pilotos, es fundada la empresa de transporte aéreo AVISPA y con asignación en Rionegro conoce al señor Wimblond, inglés que realizaba las primeras tomas aéreas de la ciudad de Medellín. Seis meses como su piloto fueron suficientes para aprender de él todos sus conocimientos e inculcarle su amor por Colombia vista desde el aire, a su partida hacia Inglaterra le vendió todo su equipo fotográfico y le propuso que continuara con esta labor.
Entonces ahí comenzó todo. Antioquia, Caldas y Cundinamarca fueron el objetivo de su lente, ríos, ciudades, veredas e inmensos cultivos de flores quedaron registrados como los primeros negativos de un archivo que cuenta con más de 67.000 fotografías.
Su mayor satisfacción fue el rostro sorprendido de los grandes finqueros al descubrir en una fotografía de sus tierras, sitios donde nunca habían ido, hondonadas, cosas que a pie no conocían y potreros mal lindados que inmediatamente mandaban corregir. Esto trajo consigo almuerzos, tragos y el aprecio de todos en el cercano oriente antioqueño.
Años más tarde, Carlos Amórtegui parte hacia Washington, Estados Unidos, y en la exposición mundial de fotografía obtiene el cuarto puesto entre decenas de fotógrafos de todas partes del mundo, con una fotografía aérea de Medellín que, según cuenta, hasta los pares de las calles se podían ver con total claridad.
Después de vivir varios años en Barranquilla, regresó a Medellín, pero un lamentable accidente le impidió volver a volar y se trasladó a Miami, donde reside actualmente.
Algo muy curioso es saber que la fotografía terrestre nunca le llamo la atención "soy muy lerdo para eso, escasamente hago foticos aéreas", foticos que le han permitido conocer 107 de los más hermosos municipios antioqueños y encontrar toda clase de curiosidades desde el aire, cosas que nunca se hubiera imaginado, lugares escondidos y rojos atardeceres que descansan en cada una de sus fotografías.