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Nació
en Chipaque, un pueblito cerca a Bogotá en la vía
hacia Villavicencio hace más de 70 años, pero a muy
temprana edad fue llevado a vivir a la capital del Valle. Estando
allí descubrió su verdadera pasión, los aviones,
"desde los 7 años soñaba con ser aviador, en
todos los paseos de la escuela me iba con los brazos abiertos en
forma de avión".
Amórtegui es un apellido de origen español, en Vasco
quiere decir abundancia de pastos, en este caso, abundancia de paisajes
y de recuerdos.
Más pudieron sus ganas de ser piloto que la oposición
por parte de su padre, "él decía, en esa época,
que estudiar pa´ aviador era estudiar pa´ muerto y no
me ayudó con plata para entrar a estudiar", pero con
muchos esfuerzos económicos y gracias a la ayuda de su primer
instructor de vuelo aprendió el arte de volar "yo solo
tenía una vaca, un motocicleta y un violín" y
después de venderlo todo, como él lo dice jocosamente
" me volé primero la vaca, luego la motocicleta y por
último, el violín".
Posteriormente, en 1944, ingresa a la Fuerza Aérea Colombiana,
donde obtiene el título de piloto militar, 4 años
más tarde, se traslada a Medellín para hacer la construcción
de la pista y ser el director de la nueva escuela de pilotos de
la aerolínea Colombiana SAM, pista que se crearía
exclusivamente para el entrenamiento de sus pilotos. Trabajó
con esta aerolínea por 7 años y medio. Luego, en sociedad
con otros pilotos, es fundada la empresa de transporte aéreo
AVISPA y con asignación en Rionegro conoce al señor
Wimblond, inglés que realizaba las primeras tomas aéreas
de la ciudad de Medellín. Seis meses como su piloto fueron
suficientes para aprender de él todos sus conocimientos e
inculcarle su amor por Colombia vista desde el aire, a su partida
hacia Inglaterra le vendió todo su equipo fotográfico
y le propuso que continuara con esta labor.
Entonces ahí comenzó todo. Antioquia, Caldas y Cundinamarca
fueron el objetivo de su lente, ríos, ciudades, veredas e
inmensos cultivos de flores quedaron registrados como los primeros
negativos de un archivo que cuenta con más de 67.000 fotografías.
Su mayor satisfacción fue el rostro sorprendido de los grandes
finqueros al descubrir en una fotografía de sus tierras,
sitios donde nunca habían ido, hondonadas, cosas que a pie
no conocían y potreros mal lindados que inmediatamente mandaban
corregir. Esto trajo consigo almuerzos, tragos y el aprecio de todos
en el cercano oriente antioqueño.
Años más tarde, Carlos Amórtegui parte hacia
Washington, Estados Unidos, y en la exposición mundial de
fotografía obtiene el cuarto puesto entre decenas de fotógrafos
de todas partes del mundo, con una fotografía aérea
de Medellín que, según cuenta, hasta los pares de
las calles se podían ver con total claridad.
Después de vivir varios años en Barranquilla, regresó
a Medellín, pero un lamentable accidente le impidió
volver a volar y se trasladó a Miami, donde reside actualmente.
Algo muy curioso es saber que la fotografía terrestre nunca
le llamo la atención "soy muy lerdo para eso, escasamente
hago foticos aéreas", foticos que le han permitido conocer
107 de los más hermosos municipios antioqueños y encontrar
toda clase de curiosidades desde el aire, cosas que nunca se hubiera
imaginado, lugares escondidos y rojos atardeceres que descansan
en cada una de sus fotografías.
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